‘Nightfall in Middle-Earth’: cuando Blind Guardian convirtió el Silmarillion en el mejor disco de power metal de la historia

Se cumplen 20 años de la edición de esta obra maestra del heavy

Nightfall in Middle-Earth

Corría el año 1998 y el power metal se hallaba en su apogeo. A mediados de los 90 este subgénero del heavy tenía una pléyade de grupos que copaban las listas: Helloween, Rhapsody, Sonata Arctica, Gamma Ray, Stratovarius, Kamelot, Iced Earth… Blind Guardian era una banda alemana que se había iniciado en el speed metal y progresivamente había ido incorporando elementos más sinfónicos y folk. De sus primeros y toscos discos (con sus toscas portadas, Follow the blind o Battalions of Fear) supo evolucionar hasta que a mediados de los 90 nos entregaba maravillas como el arrasador Imaginations from the Other Side, una obra maestra del power/speed metal, o curiosidades totalmente diferentes, como el Forgotten Tales, un disco semiacústico que incluía versiones de algunas de las mejores canciones del disco antes citado.

Pero 1998 sería el año en que Blind Guardian llegaría al cenit de su carrera publicando un álbum conceptual basado en el Silmarillion de Tolkien. Anteriormente el grupo ya había dado muestras de su interés por las letras de corte fantástico, inspiradas en obras muy conocidas del género: Moorcock, Tolkien, Ende… Pero en esta ocasión se proponían musicar un libro tan complicado de adaptar como es el Silmarillion, que, para los no iniciados en la materia, cuenta el origen de Arda y de las principales razas de la Tierra Media, así como la creación del Anillo Único. En Nightfall in Middle-Earth Blind Guardian llegó al punto álgido de su carrera, a cotas a las que sus discos posteriores ya no llegarían más tarde. Para Nightfall in Middle-Earth, Blind Guardian supo crear un verdadero álbum conceptual, que alternaba las canciones con pequeños interludios narrados, o simplemente pequeñas piezas instrumentales de transición que iban hilando la historia.

Nightfall in Middle-Earth

Si hay una palabra para describir este disco es épico. Desde el inicio ambiental en War of Wrath, cuando Sauron aconseja a su señor Morgoth que huya ante la victoria de los Valar, que enlaza con la primera canción Into the Storm, la épica es la que domina la historia que nos cuentan y la música que la transporta. Épica es la sensación que nos transmite el coro central de Nightfall, una canción con un cierto toque medieval, en el que destacan las voces de Hansi y las letras que inflaman al oyente: “The words of a banished king / “I swear revenge” / Filled with anger aflamed our hearts / Full of hate, full of pride / We screamed for revenge”. The Minstrel es un suave interludio de guitarra clásica que nos da un reposo antes de The Curse of Feanor, una canción que entra de lleno en el estilo rápido y contundente del grupo, y donde Feanor expresa su ira por todos los crímenes que ha tenido que cometer. Aquí destaca el trabajo a la batería de Thomen Stauch y los diversos cambios de ritmo que crea. Pero no todo es rapidez: en Blood Tears, Maedhros relata su cautiverio por parte de Morgoth: la canción se inicia con unas guitarras espectrales que parece que nos llevan al calabozo donde está Maedhros; la canción va progresando hasta llegar a los sublimes coros del estribillo, que se alternan en la parte central con fragmentos más duros.

Nightfall in Middle-Earth

En Mirror, mirror el marcial inicio nos lleva de nuevo a través de la épica y la velocidad para contarnos cómo Turgon, en vista de la inevitable derrota, construye la ciudad de Gondolin, con la ayuda de Ulmo. Estamos ante una de las canciones más conseguidas del disco, que contiene todos los elementos característicos de Blind Guardian, y no en vano fue elegida como uno de los singles del disco.

No bien ha acabado Mirror, mirror, cuando Face the Truth nos prepara para Noldor. En ella, Fingolfin relata la profecía de Mandos sobre el destino de los Noldor, reflexiona sobre su propia culpa y de su pueblo y anuncia su derrota final.

Los interludios entre canciones son uno de los puntos fuertes del disco, y funcionan de contrapunto a las composiciones largas. Blind Guardian ya sabían que eran capaces de crear esas pequeñas piezas juglarescas, porque nos lo demostraron en The Forgotten Tales, y aquí, esos momentos de apenas un minuto, son como la voz que nos conduce a través de la narración musicada de la historia fantástica. En este caso, Time Stands Still cuenta cómo Fingolin desafía a Morgoth, pero finalmente muere. Tras esto, en Thorn, una de mis canciones preferidas, Maeglin reflexiona sobre su situación y decide traicionar Gondolin a Morgoth. Es una canción llena de dramatismo que Hansi consigue transmitir. Hay una pasaje de las letras que es particularmente emocionante, cuando dice: “Let us march on / Though there’s no hope at our side / Let us be brave / Though by glory we are denied”. Estamos ante un momento álgido del disco. The Eldar cambia de tercio y nos trae una balada en la que los únicos protagonistas son la voz de Hansi y el piano. En ella, el rey de los elfos Finrod se despide de sus siervos mientras agoniza por las heridas infligidas al salvar a Beren.

En When Sorrow Sang vuelven los BG de siempre, con una canción llena de velocidad, contundencia, cambios de ritmos, crescendos y coros mágicos. Ya nos acercamos al final. A Dark Passage despliega todas las habilidades del grupo, en un corte majestuoso por su orquestación, sus ritmos marciales y la complejidad de su melodía. Finalmente, los últimos cortes ambientales cierran el disco anunciando la victoria de Morgoth debido a la traición del hombres.

Nightfall in Middle-Earth es un disco de multiples texturas, con una producción cuidadísima, un disco lleno de detalles. Recuerdo claramente la tarde en que compré el disco. Cuando llegué a casa, lo puse y me tumbé en la cama. Me hace gracia recordar cómo en la primera audición no entendí nada: quiero decir, tuve la sensación de que las canciones eran un gran bloque de sonido compacto que se estampaba en mi cara. Poco a poco pude ir siguiendo el hilo de Ariadna musical y apreciarlo en toda su complejidad. Vale la pena coger unos auriculares y escuchar atentanmente cada canción para ir descubriendo la bombástica base de la batería, los omnipresentes teclados, los detalles de la guitarra y los fantásticos juegos de voces que hace Hansi Kursch con los omnipresentes coros. No son canciones con la típica estructura frase — estribillo — frase — estribillo: muchas veces contienen secciones únicas que no se repiten, solos a velocidades desorbitadas, cambios de ritmos o combinaciones de elementos folk con otros puramente speed. La genialidad de este Nightfall in Middle-Earth no volvería ser igualada por Blind Guardian en sus discos posteriores, por eso, para muchos, y para mí, este disco queda como su obra maestra, el ejemplo de cómo crear un disco majestuoso, épico, lleno de fuerza y de emociones, de cómo verter una epopeya como la del Silmarillion en notas musicales y salir, no sólo airoso, sino con matrícula de honor.

Cuando se anunció la versión cinematográfica de El señor de los anillos, muchos fueron los que pidieron que Blind Guardian aportara la banda sonora a la película. Eso hubiera sido genial: todos teníamos en mente su canción Lord of the Rings como la ideal para abrir la película. Desgraciadamente, fuera verdad o no que el grupo intentó contactar con los productores para ofrecerles su trabajo, la propuesta no cuajo. Hollywood seguramente no estaría preparado para ello. Pero la banda se desquitó luego realizando la banda sonora -con fragmentos orquestales- del videojuego Sacred 2, con alguna pieza que luego sería incluida en At the Edge of Time. Con todo, el grupo no ceja en su empeño y parece ser que, desde hace ocho años, tiene en marcha un proyecto de disco orquestal ambientado en la obra de Tolkien.



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