Astiberri publica la novela gráfica que versiona ‘Novela de ajedrez’ del autor austriaco

El jugador de ajedrez

Servidor, que en los últimos años se ha hecho un contumaz jugador de juegos de mesa modernos, nunca ha conseguido, en cambio, aprender a jugar a ajedrez. Reconozco las posibilidades estratégicas del juego, el absorbente nivel de las partidas, la tensión de dos inteligencias enfrentadas en un juego centenario, pero nunca me ha llamado la atención suficiente como para recordar sus reglas y enfrentarme a un contrincante. Pero como muchos elementos de nuestra sociedad, el ajedrez tiene amplias lecturas metafóricas que resuenan en toda la cultura occidental. En 1941, poco antes de suicido, Stefan Zweig escribiría su última obra, Novela de ajedrez, que es considerada una de sus obras maestras. El escritor vienés acabaría más tarde con su vida en su exilio brasileño, consciente de que le sobrevivía un mundo que ya no era el suyo. Ahora el francés David Sala se ha propuesto adaptarla a la novela gráfica en este tomo que publica Astiberri.

Todo empieza cuando en un paquebote que hace la ruta que une Nueva York y Buenos Aires, uno de los pasajeros descubre al campeón del mundo de ajedrez. Varios viajeros le piden jugar alguna partida, que el campeón despacha de forma fulminante. Pero entre esos pasajeros se encuentra el misterioso señor B., un aristócrata vienés que, ante el narrador, revelará el secreto de su dominio extraordinario del juego: su cautiverio a manos del nazismo, experiencia que capitaliza el grueso de la trama. David Sala usa la planificación de la página para expresar la soledad, la rutina y la locura a la que se ve sometido el personaje, que encuentra su salvavidas en el robo de un libro de partidas famosas de ajedrez.

En El jugador de ajedrez hay viñetas maravillosas en esta novela gráfica, como la de arriba.

La obra original de Zweig contenía un mensaje claro contra la barbarie nazi. Zweig, como el señor B., se veía fuera de su Viena natal y ya nunca volvería a ella. De la misma forma que la elegante prosa de Zweig, que se sabe desterrado de un mundo que ya ha terminado, la novela gráfica actualiza esa misma idea, en un contexto de incerteza política y de triunfo de la barbarie.

Pero El jugador de ajedrez, subraya otro de los temas de Zweig: el de la tortura psicológica. Sin siquiera violencia, los nazis son capaces de doblegar el ánimo del anónimo personaje, al que como veremos tendrá que lidiar con unas cicatrices que nunca sanarán. El ajedrez se convierte en un arma de doble filo, puesto que, a pesar de salvar la cordura del señor B., lo introduce en otro laberinto acaso peor: un laberinto perfecto en su solipsismo, un castillo interior del que nunca escapar.

El jugador de ajedrez

David Sala realiza un ejercicio de extrañamiento impecable en esta historia. Su dibujo y sus colores (elegida una paleta de azules y violáceos, que se convierte en un leitmotiv propio en la obra) casan bien con el ambiente decadente que describe. El ambiente opulento de los pasajeros de primera clase se entremezcla con la pesadilla que vive el señor B., de resultas que todo el conjunto respira un aire de irrealidad que lo acerca a aquel Relato soñado del austríaco Arthur Schnitzler. Han comparado sus dibujos con los de los también austríacos Gustav Klimt y Koloman Moser (¿puede ser casualidad que hayamos citado ya a cuatro? Permitidme que lo dude), aunque nosotros vemos ahí también algo del Elektra lives again, el cómic más europeo de Frank Miller y Lynn Varley. En sus páginas, el autor consigue cifrar en imágenes toda la desesperación y el desasosiego de los personajes: lo hace con múltiples planos repetidos, planos detalle que muestran pequeños dejes nerviosos, composiciones simétricas que trasladan todas esas sensaciones molestas de los personajes al lector. El conjunto es exquisito, de una belleza cierta pero también perturbadora. Es impresionante el trabajo que el autor ha hecho: el coloreado tan detallado de la acuarela, que forma mosaicos impensables en suelos, paredes o tapicerías, es de una complejidad rayana en la locura. David Sala aprovecha todos los mecanismos del cómic que tiene a su disposición para enriquecer y acercar la obra original a los temas que quería comunicar. Y lo hace de una forma excelente.

Os recomendamos vivamente El jugador de ajedrez, tanto si conocéis (y amáis) la novela original de Zweig, como si sois lectores de novela gráfica. Este trabajo os gustará.

El jugador de ajedrez (CMYK)



‘El jugador de ajedrez’: David Sala adapta la novela de Stefan Zweig was originally published in Papel en Blanco on Medium, where people are continuing the conversation by highlighting and responding to this story.