Segunda entrega de estas impresiones dibujadas del país del Sol Naciente

El vagabundo del manga

Hace ahora dos años Salamandra Graphic editaba Cuadernos japoneses, una obra del italiano Igort donde dejaba de lado el tono documental de denuncia que habían tenido algunas de sus anteriores obras y se sumergía en un dietario dibujado que le permitía establecer con el lector una comunicación más íntima. En este cuaderno de viaje, Igort no tiene que soportar el peso de una realidad presta a ser reivindicada: se trata de un viaje tanto exterior como interior, un buceo por la psique nipona al mismo tiempo que el ilustrador italiano desgrana las impresiones de un esteta. Salamandra Graphic publica ahora la continuación de ese dietario: El vagabundo del manga, a propósito de un nuevo viaje al País del Sol Naciente de nuestro autor.

Tres confluencias brillan en El vagabundo del manga: por una parte, el espíritu errante de Basho, el poeta zen que hizo del peregrinaje su principal filosofía. Para éste, el viajar era un estado interior, un anhelo profundo que le llevaba a abrazar lo extraordinario contenido en lo cotidiano, a pesar de que no pueda evitarse reparar en la aparente contradicción que está contenido en la contemplación y el esfuerzo por capturar esa esencia efímera de la naturaleza en algo imperecedero como la poesía.

El vagabundo del manga

Esa idea del carpe diem oriental la volvemos a encontrar en El libro de los cinco anillos de Miyamoto Musashi, la segunda confluencia de esta obra. Musashi, el popularísimo espadachín japonés, se entrega al destino en cada una de sus lides, como Igort se entrega en este nuevo viaje a Japón.

De esta manera, Igort va trazando un mapa sentimental de Japón que no es sólo geográfico, también es personal: por la obra desfilan Yukio Mishima, Kawabata, Shigeru Mizuki y otras grandes referencias de la cultura japonesa, a la que finalmente se une Jiro Taniguchi, tercera y última confluencia de la obra y uno de los grandes nombres del manga contemporáneo, amistad personal de Igort y tristemente fallecido en 2017. En El vagabundo del manga Igort se convierte en un personaje de Taniguchi: él es el afortunado testigo de un Japón cambiante como el mundo flotante de los ukiyo-e. Su mirada serena doblemente semiótica, como extranjero pero también como gran conocedor de la cultura japonesa, le da un enfoque único a lo que ve (“Es usted más japonés que yo” le confiesa al autor la propietaria de unas aguas termales). No resulta extraño pues que Igort dedique el volumen a su amigo fallecido.

Nadie como Igort para comunicar esa sensación de belleza sublime que el paisaje japonés transmite. Varias veces el autor comenta que ha quedado “sin aliento” ante lo que ve, y es que Igort sufre un síndrome de Stendhal de manual. Podría pasar por un viajero romántico si no fuera porque sus impresiones están pasadas por el filtro zen, que ejerce de sordina y permite un acercamiento mucho más sobrio en sintonía con el espíritu japonés. No hay aspavientos aquí: hay pura contemplación, pura comunión con la naturaleza, completa fusión con el espíritu bicéfalo de Japón. Igort no puede escoger entre el país de tradiciones milenarias y su espíritu moderno, sincrético, ecléctico y ultratecnológico. Son las dos caras irrenunciables de un país mesmérico.

El vagabundo del manga

En cuanto a lo formal, Igort perfecciona la receta que ya usara en anteriores entregas de sus Cuadernos. No queda constreñido en un formato u otro: salta entre diario de viaje, ilustración, cuaderno de postales, cómic y álbum de notas según su necesidad narrativa. La obra fluye así de forma natural, alternando fotografías, dibujos, apunte al natural o simplemente páginas de las impresiones escritas del autor.

El vagabundo del manga es una lectura sublime. Perfecciona y eleva lo ya expuesto en sus anteriores Cuadernos japoneses, y constituye, a la vez, una mirada profunda sobre el Japón en los ojos de este gran conocedor de su cultura. Este volumen se convertirá, fácilmente, en una de las obras del año.

El vagabundo del manga (Salamandra Graphic)

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